El mar que nos une

21 junio, 2026

Casimiro Curbelo

En La Gomera, el mar nunca ha sido un simple paisaje. Para una isla como la nuestra, el mar ha sido frontera y muchas veces, límite. Pero también ha sido camino cuando ha habido decisión, inversión y servicios capaces de responder a lo que la gente necesita de verdad. Por eso, hablar de transporte marítimo en La Gomera es hablar de igualdad.

Conviene recordarlo ahora, cuando parece que todo estuvo siempre ahí. En 1974, la primera conexión regular entre San Sebastián de La Gomera y el Puerto de Los Cristianos cambió la vida de esta isla. Hasta entonces, desplazarse a Tenerife podía convertirse en una travesía larguísima, de diez o doce horas, que condicionaba cualquier decisión: una consulta médica, un trámite, un estudio, un trabajo o una visita familiar.

Aquella ruta nos permitió algo que hoy parece normal, pero que entonces fue casi una revolución: ir y volver a Tenerife en el mismo día. No fue solo un avance en las comunicaciones; fue un salto en dignidad. La Gomera empezó a estar más cerca del resto de Canarias y, sobre todo, empezó a depender menos del aislamiento.

Desde entonces, cada mejora en la conectividad marítima ha tenido consecuencias muy concretas en la vida diaria. Un barco que llega a tiempo no es solo una buena noticia para una naviera. Es una cita médica que se cumple, una jornada laboral que empieza cuando debe, una mercancía que llega, un estudiante que puede organizar su semana o una familia que no tiene que convertir cada desplazamiento en una odisea.

Los datos también hablan. El puerto de San Sebastián de La Gomera superó el pasado año los 1,3 millones de pasajeros y registró más de 318.000 vehículos. Pero la importancia de esas cifras no está únicamente en su volumen, sino en lo que representan para una isla de nuestras dimensiones. Representan movimiento, actividad económica, y oportunidades.

Ahora bien, la historia de estos cincuenta años no puede llevarnos a la autocomplacencia. La conexión con Tenerife sigue siendo esencial y debe seguir fortaleciéndose. Pero Canarias no puede resignarse a que las islas menos pobladas tengan que pasar casi siempre por Tenerife o Gran Canaria para relacionarse entre sí.

El siguiente reto está claro: conectar directamente las Islas Verdes, La Gomera, La Palma y El Hierro. No es razonable que desplazarse entre territorios tan cercanos exija multiplicar tiempos y costes. Esa realidad dificulta la cooperación institucional, limita la actividad económica y reduce oportunidades laborales, sanitarias y administrativas.

Por eso debemos trabajar con rigor en soluciones estables, también mediante obligaciones de servicio público marítimas cuando sean necesarias. No se trata de pedir privilegios, sino de corregir una desigualdad evidente y lograr la verdadera cohesión territorial de Canarias. 

El mar nos ha impuesto dificultades, pero también nos ha enseñado que las distancias se vencen cuando hay voluntad. En 1974 dimos un paso decisivo. Ahora toca dar el siguiente paso: unir las Islas Verdes para que Canarias sea, de verdad, un territorio más justo, más cercano y más igual.