Decidir el país que queremos
11 octubre, 2026
Casimiro Curbelo
Hay momentos en los que la política debe devolver la palabra a quien verdaderamente la tiene: la ciudadanía. La convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre abre uno de esos momentos. Ante la dificultad para construir mayorías estables y convertir los acuerdos en respuestas útiles, son los ciudadanos quienes deben decidir qué rumbo debe tomar España.
He defendido que esta convocatoria es acertada porque nuestro país necesita abrir una nueva etapa. Pero una elección no puede entenderse únicamente como la salida a un bloqueo parlamentario. Debe ser, sobre todo, una oportunidad para reflexionar colectivamente sobre el país que queremos construir y sobre las prioridades que deben guiar la acción pública en los próximos años.
Votar es mucho más que escoger unas siglas. Es pronunciarse sobre nuestro modelo de convivencia, sobre la calidad de los servicios públicos, sobre las oportunidades que ofrecemos a los jóvenes, sobre el acceso a la vivienda, el empleo, la protección social o la capacidad de nuestros territorios para avanzar en igualdad de condiciones y oportunidades. También es decidir qué forma de hacer política queremos: una basada en el acuerdo y en la utilidad para la gente, o una atrapada permanentemente en la confrontación y en los intereses partidistas.
En Canarias, y especialmente en islas como La Gomera, sabemos bien que las grandes decisiones nacionales tienen consecuencias muy concretas en la vida cotidiana. La cohesión territorial, la conectividad, la igualdad en el acceso a los servicios esenciales o las oportunidades de desarrollo no son asuntos secundarios. Por eso necesitamos que la próxima legislatura tenga capacidad para escuchar la diversidad del país y para construir consensos que permitan gobernar con estabilidad y atender las necesidades de la ciudadanía.
La democracia no termina en las urnas, pero las urnas siguen siendo su principal punto de partida. Cada voto tiene el mismo valor democrático y cada ciudadano debe sentirse parte de una decisión que condicionará nuestro futuro común. No participar también tiene consecuencias: supone dejar en manos de otros una decisión que nos pertenece a todos.
Por eso deseo una campaña que esté a la altura de la ciudadanía. Una campaña en la que se confronten ideas, propuestas y proyectos, y en la que los partidos expliquen con claridad qué ofrecen para afrontar los problemas reales del país. España necesita menos ruido y más soluciones; menos cálculo partidista y más capacidad para alcanzar acuerdos.
El próximo 29 de noviembre tendremos la oportunidad de expresarnos con la herramienta más poderosa de una democracia: nuestro voto. Acudamos a las urnas con libertad, responsabilidad y espíritu crítico. Porque no se trata únicamente de elegir un Gobierno o un Parlamento. Se trata de decidir qué país queremos, qué prioridades compartimos y qué futuro queremos dejar a las próximas generaciones. La palabra vuelve a estar en manos de la ciudadanía. Hagamos uso de ella.
